Todos los conocemos, son nadadores que no paran de entrenar, cumplen a rajatabla las indicaciones del entrenador y son ejemplo de constancia y compromiso. Se esmeran tanto en los entrenamientos que son incluso capaces de obtener marcas desorbitadas, a priori impensables y que dejan con la boca abierta a sus compañeros
Da igual las cualidades físicas que posean, que midan un 1.90 o naden de maravilla. Tampoco que hayas depositado todas tus esperanzas en ellos o lo duro que machaquen. La realidad nos indica que en determinadas circunstancias hay deportistas que no compiten como entrenan, que cuando se presenta la oportunidad, se hunden y no son capaces de sacar al exterior todo su potencial para lograr su mejor prestación.
Como entrenador no encuentras una respuesta lógica a tan bajo rendimiento, contemplas con frustración e incredulidad como los objetivos de ambos se pierden en el camino y lo único que ansías es dar en la tecla que ilumine vuestra mente y encontrar la solución que acabe con semejante castigo.
Por si fuera poco, uno de sus compañeros de equipo obtiene resultados impropios a su esfuerzo en los entrenamientos. Falta a entrenar asiduamente, pero cuando se lanza a la piscina logra prestaciones excelentes, sin apenas haber trabajado. Se pavonea ante todos y presume sin complejos de sus éxitos y del poco esfuerzo que necesitó para alcanzarlos.
La realidad nos dice que se trata de victorias engañosas, provisionales y carentes de futuro, que el camino correcto es la entrega diaria y la responsabilidad que conlleva. No os desesperéis en esos momentos, evitar comparaciones con otros nadadores y centraros en vuestro trabajo, en el esfuerzo personal y en encontrar la solución adecuada para potenciar vuestro rendimiento competitivo. No hay otro trayecto.
Quizá los siguientes recursos puedan ayudar en algunos casos. No son la panacea y lo que puede ser bueno para uno no tiene por qué serlo necesariamente para otro. Vosotros tenéis la última palabra:
Las metas han de ser ambiciosas, pero factibles, basadas en el esfuerzo y en los principios lógicos y adecuados del entrenamiento.Tal vez sea apropiado en estos casos centrarse en el día a día y escapar de metas lejanas, Crear objetivos sencillos a corto plazo, tanto en entrenamiento como en competición, que de conseguirse estimulen y recuperen la confianza y autoestima del nadador. Insistir al nadador que el trabajo duro será siempre su mejor aliado, que sea siempre fiel a sus ideales y que no olvide nunca que es un ganador, con sus puntos fuertes y débiles, como cualquiera. Provocar situaciones de presión controladas en los entrenamientos o realizar una sesión de preparación horas antes de la competición puede disminuir la ansiedad del deportista y ayudar en nuestras intenciones-No te importe solicitar ayuda a otros profesionales, si lo estimas conveniente. Ninguno de nosotros estamos en posesión de la verdad y la opinión de otros especialistas pueden contribuir a explorar nuevas vías de preparación, o al menos a ver el problema bajo otra perspectiva más objetiva.El nadador debe tener claro que competir no tiene por qué ser una tortura, sino todo lo contrario. Es divertido, lo hace porque le gusta y no para los padres o entrenadores.
A veces nosotros también provocamos el problema, no somos conscientes de la labor tan importante que realizamos, de nuestra responsabilidad y del impacto que nuestras palabras tienen sobre los nadadores y utilizamos a menudo frases para incitar o animar a nuestros nadadores en los instantes previos a la prueba, con toda nuestra buena voluntad, pero sin ser conscientes que en la mayoría de los casos estas arengas son innecesarias y contraproducentes, por la presión, estrés y la confusión que generan.
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